Lamed wufnik

La persona que todas las noches salva el mundo no tiene casa ni trabajo. Cuando la viste, arrugaste la nariz ante su olor a orina y a cuerpo sucio, y aceleraste el paso para no verla. Llegaste a oír de pasada sus murmullos como imprecaciones, palabras y frases que se detienen en el umbral de la comprensión. Ella a ti no te dedicó ni una mirada.

Esta persona vivía entre cuatro paredes, y a lo mejor fue para ti un conocido, una amiga, un amante. Como tú, esa persona vivía sin saber. Tuvo la mala suerte de soñar una noche demasiado lejos y demasiado profundo y extraviar su camino a un lugar donde no tenía que haber ido. Allí, en una gruta ciega que todos llevamos dentro, alguien le contó historias demasiado viejas y demasiado grandes para que su mente no se quebrara. Despertó con el horrible don de ver señales ocultas para nosotros, en grafittis en las paredes y rótulos de neón y en pautas del vuelo de los pájaros. Al principio se negó a abandonar su casa, a hablar con sus amigos, con miedo a descubrir un mensaje de condena en la disarmonía de unos rasgos, una arruga en un traje.

Poco a poco descubrió que podía cambiar las cosas, que había acciones y rituales que podía realizar para detener la fatal inercia en la que el mundo caía, y, para su incredulidad, tuvo éxito.

Esta persona tomó sobre sus hombros la tarea de reparar el mundo en la oscuridad, cambiando mensajes, alterando diagramas y fórmulas que por las noches se encienden con un brillo que casi nadie puede ver. Sin darse cuenta perdió su trabajo, y sus amigos cayeron uno por uno. Un día no pudo volver a su apartamento, y solo se encogió de hombros y retomó su ronda, comiendo restos que encontraba en contenedores, deteniéndose solo cuando su cuerpo dice basta.

La persona que todas las noches salva el mundo duerme estos días en el cajero de un banco. Se quedará allí hasta que algún cliente se queje de su presencia, o pierda su lugar en una oscura disputa entre vagabundos. Eso puede ser mañana, o dentro de una semana. Cuando eso ocurra, espera encontrar otro lugar para dormir pronto. Es duro vivir en la calle, no solo es el frío el que te mata. Últimamente se despierta con tos, espasmos violentos que le sacuden el cuerpo. Ya le ha pasado otras veces y ha salido adelante, pero ahora no para de empeorar. Se mira las manos, venosas y frágiles, y se da cuenta de que parecen muy ancianas. ¿Cuántos años tiene ya? ¿Cuántos, multiplicados por las privaciones, el hambre, la ansiedad del oír pasos en una esquina?

La persona que salva el mundo sigue saliendo cada noche para luchar por todos nosotros. Lleva una manta de un color indefinido sobre los hombros, y murmura entre dientes fórmulas y plegarias de poder antiguo, y bebe alcohol para vencer al miedo. Sus fuerzas le fallan cada vez más. Un día saldrá a caminar por las calles y desaparecerá en la oscuridad, en un callejón sin salida, o alguna de las cosas que viven en las esquinas más oscuras o bajo los pasajes de las afueras se la llevarán. Lo que pasará cuando ese día llegue no quieres saberlo, pero se está acercando. Hasta entonces, la persona que salva el mundo sigue realizando su labor infinitesimal, un punto de luz tan pequeño en un océano de negrura.image

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This entry was published on January 12, 2013 at 8:08 pm and is filed under Uncategorized. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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