Hibiscos

-Las ninfas ya se han ido.

Habían sido las primeras en desaparecer. Al principio lo culparon a la acción de los hombres y a los vertidos que llegaban cada vez más arriba y más profundo, hasta contaminar los manantiales. No obstante, incluso las más empecinadas tuvieron que admitir que su raza estaba condenada desde hacía mucho tiempo. Los espíritus puros son demasiado frágiles: sus cuerpos, hechos de poco más que de sueños y de anhelos, resistían mal el frío y los cambios, y quedaron relegadas, como tantas otras cosas, al mundo del semiolvido.

Náyades, sátiros, espíritus de la tierra y el aire, se resistieron un poco más a la disolución. Algunos siguieron ocupando sus loci ancestrales, encantando bosquecillos cada vez más pequeños, círculos de hongos que recogían los excursionistas, tocones de árboles golpeados por el rayo. Sus números se han reducido con los años, no sé si han desaparecido ya.
<a href=”http://fraukrankel.files.wordpress.com/2012/11/roberto-3.jpg”><img src=”http://fraukrankel.files.wordpress.com/2012/11/roberto-3.jpg?w=300&#8243; alt=”” title=”roberto-3″ width=”300″ height=”283″ class=”alignnone size-medium wp-image-27″ /></a>
Otros se adaptaron a los nuevos tiempos y pasaron a ser espíritus de motores y de andamios, encantando almacenes y círculos amarillos debajo de farolas. Aún quedan muchos, y seguro que los has sentido más de una vez. La figura en el límite de tu visión que parece llamarte desde un parque por las noches y que desaparece en un parpadeo, o una ansiedad inexplicable que te atenaza el corazón al cruzar una cierta callejuela. No todos se conforman con tan poco. A veces el amigo con el que te encuentras una noche no es lo que parece. A veces, algunas personas pasean por los suburbios para no volver.

Ananke fue una de las pocas que escogió la tercera vía, un camino despreciado y temido por casi todos. Conseguir la mortalidad es, para uno de los suyos, tan arduo como para nosotros el camino inverso. El dolor es inimaginable. El súbito peso, el frío, la claustrofobia de sentir huesos y carne y músculo y piel condensándose en torno al yo, fundiéndose con él en un proceso que, con sus recién descubiertas náuseas, le pareció nauseaundo.

Estaba perdida en su propio cuerpo. Ella, que corría desnuda con su manantial, está atrapada en este animal sucio, que suda, que la acosa con los inicuos procesos de digestión y defecación. Antaño había poseído la idea de unos pechos, breves y blancos, y descubrió con horror que ya no tenía más que sacos de piel y grasa. Su pelo, que antes fluía con el viento, se enredaba, se ensucia hasta convertirse en un amasijo.

Ananke no está bien. Es muy duro para los de su clase descifrar la realidad a través del filtro sucio que son los sentidos. Algunos días intenta recordar cómo era antes, las deslumbrantes marañas de causa y efecto pulsando como un corazón de luz, rodeándola en certidumbres. Esos días le duele la cabeza y tiene ganas de llorar sin saber por qué, y tiene que fumar hierba para poder irse a dormir.

Si pasas cerca de su casa te invitará a un café. Dile que vas de mi parte. Es una chica de modales suaves, con la mirada perpetuamente perdida, te preguntarás qué es lo que está mal con su cabeza. Ella te dirá que no es de aquí, y cuando le preguntes su origen te dirá cada vez un país distinto. Te contará que ha pasado por una mala racha, quizá te pida dinero para pagar el alquiler. Te darás cuenta del olor extraño de su casa, verás las botellas vacías, las marcas de agujas en sus brazos, y creerás comprender.

Ananke no ha perdido todo su poder. Cuando vayas a verla llévale flores y fruta en sazón, lleva contigo una botella de licor fuerte que le permita recordar. Te dejará pasar entonces y te invitará a sentarte en su sofá roñoso mientras lía un cigarrillo que compartiréis. Al cabo de un rato un murmullo gutural surgirá de su garganta, y te hablará de cosas que no te han pasado, y todo será verdad.

Cuando acaba de contarte tu fortuna, si tienes fuerzas para quedarte, escúchala. Los espíritus también sienten nostalgia. Te relatará historias de ciudades que cayeron a más de un mundo de distancia y de la vida secreta de las sombras chinescas que ves cuando cierras los ojos.

Cada vez le cuesta más. Su pobre cerebro es solo carne, y solo mediante increíbles esfuerzos se queda a este lado de la locura. A veces tiene noticias de antiguos familiares, pero la realidad interfiere con su pensamiento. Un día se levantará y ya no será más que una persona.

Ananke no sabe si se arrepiente. Lo único que sabe es que el tiempo es un río, como el manantial que ella habitó en otras edades, y que todo lo cambia y lo destruye, y que para vivir hace falta ser como el agua y cambiar. Y mientras tanto sigue viviendo, y en sus momentos de insomnio se pregunta si, en realidad, su vida no es similar a todas las demás.Imagen

Advertisements
This entry was published on November 23, 2012 at 5:45 pm and is filed under Uncategorized. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: