Sarcófaga

Es de todos sabido que cada mujer contiene todas las mujeres que fueron, son o serán alguna vez. Conviven en un espacio infinito más pequeño que una cabeza de alfiler, enredadas e inextricables.

Las vías para desencadenar este inmenso potencial son tan variadas como espurias. Las últimas propuestas tecnológicas proponen una combinación de nanocirugía con meditación tibetana. La técnica consiste en ir eliminando capas del individuo: primero la piel, que se separa del cuerpo con un kukri o cuchillo ritual de hoja curvada. Músculo a músculo, nervio tras nervio, se van retirando las capas del ser hasta llegar a la esencia, el cerebro palpitante. Por supuesto, en este procedimiento no se permite el uso de anestesias o de cualquier otra sustancia que nuble la mente. No obstante, se permite la repetición de mantras o frases rituales en voz alta, al menos mientras el sujeto tenga lengua y dientes. Al final de esta exquisita disección, el ego es consumido en una explosión de éxtasis y agonía y deja paso a la contemplación del Tao.

Este es un procedimiento bárbaro y que peca de hipocresía. A pesar de que su supuesto objetivo es la disolución del yo, con frecuencia consigue lo contrario. No hay nada que ancle más el alma al cuerpo que el sufrimiento físico. El dolor, digan lo que digan los místicos occidentales, existe solo en el mundo de lo concreto, de lo real. Aquí y ahora yazgo en esta camilla, con cinco personas trabajando sobre mi cuerpo, en el más delicado y complejo de los trabajos.

No en vano las personas sabias que alcanzaron la trascendencia son incapaces de contar sus experiencias, si vuelven. En los estadios de disolución del pensamiento, el lenguaje es incapaz de expresar los procesos que tienen lugar a ese nivel. La verdad solo puede comunicarse con alaridos guturales.

Para despertar la memoria de las mujeres dentro de ti, debes olvidarte de ti misma. Busca la verdad por caminos impuros y disolutos, aférrate a la vulgaridad como si fuera una plegaria. Muchos años después, con tu cuerpo roto y arruinado, retírate a un lugar pequeño y oscuro, como el vientre de tu madre.

Muy pocas logran dar ese paso. La mayoría se quedan a medio camino, porque no tienen fe, y tras días de vanos intentos salen de nuevo a la luz del día, al calor y al frío, conscientes de su cuerpo sucio y de su ropa sin lavar. Tienes que cerrar los ojos y volverlos hacia adentro, contemplar el universo dentro de tus párpados, los ricos paisajes de venas y carne. Explóralos con la maravilla y reverencia que se merecen. Contempla los procesos secretos en los que la muerte se transforma en vida y la vida en muerte. Es tu cuerpo. Durante años lo has recorrido, lo has habitado sin saber.

Poco a poco, tus propios tejidos se reabsorberán, tu cuerpo consumiéndote en el más refinado de los canibalismos. Es el recorrido a la inversa del paso del tiempo. Dicen que en la oscuridad encontrarás a ciegas los caminos de la carne, te remontarás por lenguas de fuego negro hasta llegar al origen de todo. Allí verás el universo, y el universo será un espejo.

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This entry was published on November 11, 2012 at 5:16 pm and is filed under Uncategorized. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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