Party til you drop dead

 

Cada año somos menos. La muerte es como un sol que nos quema desde dentro, nos hurga y nos reseca. Los gusanos y la humedad terminan la tarea, recorriendo nuestros cuerpos con la minuciosidad del amante más perverso, y nos chupan hasta que pasamos a ser nada.

 

 

No dejo que eso me ponga triste. Tenemos la suerte de descansar en un pueblo donde la gente tiene valores y nos tratan con respeto. En casi todos sitios, al cabo de unos años nos echan de nuestras casas, nos amontonan en cuevas llenas de escarabajos donde languidecemos hacinados y sin dignidad. Como si nunca hubiéramos valido para nada. En las ciudades es aún peor; dicen que ahí solo hay metrópolis tristes de cuerpos apilados. Los padres reposan lejos de sus hijos, el marido y la mujer yacen separados por paredes de hormigón. Esa no es manera de vivir.

 

Aquí las familias permanecen unidas en sus panteones, y todos los años las mujeres vienen a limpiar nuestras casas. No todo es perfecto, claro. En el panteón de los Juárez, Mamá Juanita tiene una disputa con su cuñada Ysabella por haber arruinado su ajuar. Desde hace dos siglos están en pie de guerra. Por el cementerio se dice que, de haber infierno, sería donde los Juárez. Pero al menos son familia.

 

 

Cada año, por el Día de los Muertos, vienen los del pueblo a dejarnos flores, y las mujeres bailan sobre nuestros lechos. Los sentidos, como todo lo demás, se extinguen poco a poco, pero aún puedo adivinar la sombra de unas piernas bonitas o de unos claveles colorados con la ruina que fueron mis ojos. Es una de las pocas alegrías que me quedan. También dejan velas para iluminarnos mientras nos contamos historias, y calaveritas de azúcar que chupan nuestros niños.

 

 

Hoy es día de fiesta aquí abajo. Esperamos todos, estirando nuestros cuellos, a un recién llegado. Las mujeres se adornan con rosas marchitas en el pelo, y los hombres se arreglan los trajes apolillados. Tantas preguntas sobre el mundo de ahí afuera, quién sigue por ahí, quiénes nos vendrán pronto a visitar. Un día ya no llegarán más, y el pueblito será un lugar fantasma y más muerto que el cementerio. Pero mientras tanto, cuando llega uno nuevo es tiempo de celebración, de salir de nuestras tumbas y bailar toda la noche con el canto de las cigarras y las estrellas como farolillos. Un día vendrás con nosotros y por fin podrás reírte de la oscuridad. No nos tengas miedo.

Advertisements
This entry was published on November 6, 2012 at 11:33 am and is filed under Uncategorized. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: